Las palabras que salen de mi boca

 


Una vez Cristina Peri Rossi mencionó que el exilio era lo peor que le había pasado, pero hablaba de ello porque lo había superado y la mejor prueba es que está viva. Yo pienso similar a ella, creo que si hablo de algo es porque esta aceptado, tanto lo bueno como lo malo, porque el procesar un evento nos permite verbalizarlo.

 

Aunque verbalizar no siempre es fácil, entre aceptar y codificar en palabras eventos de la vida hay unos metros de distancia. Esto ha sido casi siempre una de mis debilidades, encontrar las palabras precisas es difícil, hasta que encontré algo que me ayudo a comprender esos sentimientos en letras, no hablo de terapia sino de la literatura. Leer a otro real o imaginario puede generar un efecto espejo, uno puede ver en él una forma de sentir, pensar o vivir similar, esto muchas veces me ha permitido poner un nombre, una forma y características a un evento fortuito, impactante o de larga duración en mi vida. Las palabras de los libros se pueden volver en las propias.

 

Por poner un ejemplo, recuerdo haber leído La Campana de Cristal de Sylvia Plath en pleno proceso de recuperación de una depresión, y aunque quizás no era la lectura más apropiada para ese momento, fue la primera vez que leía sobre un personaje que de cierta forma podía experimentar una forma de sentir cercana a la mía. Gracias a esa lectura me di cuenta de que los libros me ayudan a canalizar, que para mi son un traductor mental de sentimientos.

 

Los libros no solo me ayudan en los momentos tristes, en los felices también. Puede que este leyendo un poemario – por cursi que se lea- y un par de frases sinteticen la felicidad que me provoca la persona que amo, o me produzcan nostalgia por una hermosa parte de mi niñez. Esos versos, en unos segundos me vuelven consciente de algo y le colocan un nombre. 


Un libro puede marcar, hay muchos que no, sin embargo, cree este espacio para hacer honor a esas palabras escritas por otros que ahora son propias.

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